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jueves, 21 de diciembre de 2006

Patagonia: Chaitén...o el inicio del fin del mundo

Quizás suene pretencioso el título pero la primera impresión, dicen, es la que cuenta y esto es lo que me transmite El Chaitén. En primer lugar llegar aquí fuera de temporada ( Enero y Febrero) implica o bien un viaje en carretera desde Argentina de unas 6-7 horas ( más, muchas más si se quiere llegar a algún punto "destacable) o un ferry de 12 horitas desde Puerto Montt que fue mi opción. Si hay mal tiempo, y lo hay, el barco se retrasa unas horas, y se retrasó. Desde que salí del hostal en Puerto Montt hasta que llegué pasaron más de 17 horas, unas esperando en el puerto, otras charlando en el barco y muchas otras mareao perdido sobre una barcaza en el Pacífico. La llegada fue digna de una peli de James Bond. 4 y media de la madrugada.El muelle está metido entre dos rocas inmensas, iluminado sólamente por dos bombillas. El pueblo queda a un kilómetro y medio. Por supuesto llueve. La tripulación dirige el atraque y desembarco: primero los camiones, luego coches, peatones y los últimos, los ciclistas. En la más absoluta oscuridad empezamos a pedalear con Dennis y Joanna, dos Paolistas que empiezan la Carretera Austral, hasta la casa Hexagon, nuestro Hostal. Después de trallar como un cosaco lo que pacientemente había ido batiendo en alta mar, a dormir. Inconexas horas durmiendo, contemplando la lluvia tras el cristal, tomando tés y charlando de viajes, política ( Pinochet es omnipresente) y temas transcendentales ( moral, ética, sociedad) con una parroquia que incluye judíos, alemanes, brasileiros, chilenos...how bizarre.
El pueblo es canela. Uno tiene la impresión de que lo podrían levantar en un par de horas y sólo quedaría el asfalto de cuatro cruces ( sí, se asfaltan los cruces, no las calles), y las dos inmensas escuelas. Todo lo demás son construcciones de madera, livianitas, pequeñas, con un vallado modesto y una siempre humeante chimenea, listas para ser cargadas en las omnipresentes "rancheras" ( enormes 4x4, a lo pick up).
Destaca la poca decoración navideña de las casas, si no fuera por un solitario altavoz que suelta villancicos a un volumen imposible, tratando de abarcar todo la extensión del pueblo, generando una distorsión que envidiarían los mismísimos Piperrak ( e incluso los Reivindika, Oil!). Entre sus múltiples establecimientos uno detiene su mirada en el centro de rehabilitación de alcóholicos, trato de imaginar que otra actividad quedará en la villa durante el invierno, que no sea la de agarrar una cogorza de las serias una noche sí, otra también. Las tiendas ofrecen una variedad hilariante de productos, desde sudaderas de Offspring, sierras eléctricas descomunales, ropita para muñeca y remedios contra la almorrana, siempre bajo el cartel de supermercado.
Ahora, con las tripas ya en su sitio, iré a probar qué tal sus restaurantes. Desde aquí ya no queda más que ir para el Sur, hasta el todavía lejanísimo "fin del mundo" , Usuhaia. Pero ya no quedan aviones por coger, buses por sufrir ni largos ferrys. A pedalear toca. Y a seguri mojándome!

lunes, 18 de diciembre de 2006

Isla Chiloé...y cambio de planes

Uno de los mandamientos que me había autodictado para el viaje se leía así: " No recorrerás jamás una misma carretera dos veces". Como buen tatarataranieto de Adán y Eva, me pasé por el forro esa premisa básica y en estos últimos días he recorrido hasta cuatro veces un tramo de 30 km en Chiloé. Me explico. Al llegar a Chiloé, siempre bajo la lluvia, la ciudad más apetecible y alcanzable era Ancud y allí me dirigí. El plan era recorrer la isla de la cabeza a los pies y en su parte más sureña ( sí, la de los pies) coger un ferry hasta una tal Chaitén en la carretera Austral. Empapado llegué al bello hostal Nuevo Mundo, junto a la playa, cansado pero con ganas de probar la fascinante cocina local y en especial su plato estrella, el Curanto. Del guisado a base de carnes, papas y marisco dí más que buena cuenta y acabé la jornada con unos escoceses degustando algunos licores locales. El viernes por la mañana debía volver un trozo sobre mis pasos para recorrer la costa este de la isla hasta la población de Quemchi, llovía a mares y cántaros juntos y al abandonar el asfalto para seguir por el camino de tierra una capa de medio de metro de barro me detuvo de sopetón. Quedaban unos 45 km en esas condiciones y los lugareños me indicaron que más adentro la cosa estaría peor. No problemo. Me vuelvo a Ancud ( tercera vez por el mismo camino), al mismo hostal y planeo el cambio de ruta, iré hasta el sur por la carretera y me olvido de caminos hasta que pare de llover ( parará algún día???). Tras la ducha caliente de rigor paso la tarde/noche entre lecturas, el visionado de la película Mi Mejor Enemigo ( buenísima) y conversando con unos Vasco Chilenos de lo más simpáticos. Resaltar el gesto heroico de Matías que a las tantas de la noche y bajo un fuerte aguacero fue en busca de más cervezas. Sábado por la mañana, sigue lloviendo, me voy hacia Castro para llegar hasta Quellón y coger el ferry a Chaitén, ruta que me llevará unos tres días pero... cuando voy a salir del Hostal aparece Martin (el dueño) y charlando sobre mis intenciones me informa de que por un accidente no hay servicio entre Quellón y Chaitén y nadie sabe cuando estará listo de nuevo el barco... Otra vez no problemo, cambio radical de planes, me olvido de Chiloé y vuelvo a Puerto Montt, evidentemente por la misma carretera. Saliendo de la ciudad la lluvia se transforma en algo parecido a un temporal acojonante, necesito un refugio y lo que me pilla más cerca es la ITV de camiones. Bastante surreal ( o subliminal), me invitan a un vaso de agua y contemplo, junto a los camioneros, como se revisa un camión en Chile. Qué otro turista puede presumir de ello?
Pues nada, ahora ya estoy en Puerto Montt, he pasado aquí dos días porque tampoco había barco hasta Chaitén el domingo. La ciudad es fea, gris bajo la lluvia y con cantidad de gente de esa que sólo encuentras en los nudos de transporte, pero al fin y al cabo tiene su encanto.
Como intuía en casa, la improvisación y adaptabilidad son básicos para llevar a cabo un viaje como este y bueno, es parte de la diversión. Eso sí, a la lluvia me he adaptado pero cuando salga el primer rayo de sol... lo disfrutaré como un esquimal!

jueves, 14 de diciembre de 2006

Primeras pedaladas...

Después de tanto rollo, vamos a lo que vamos. Vine a pedalear y ya empecé a hacerlo, no sin alguna dificultad para darle salsita al viaje. De Santiago fuí en un "cómodo" Bus, 13 horas, hasta Puerto Varas, un turístico pueblo enmarcado en uno de esos paisajes... el lago Llanquihue, los volcanes simétricos de nieves perpetuas Osorno y Llanquihue, muchos, muchos trotamundos ( dos ingleses dando la vuelta al mundo como mochileros, una alemana "estudiando" castellano con la mochila al hombro, americanos a mansalva...). De entreno, una vez montada la bici a las orilas del lago, primera excursión alrededor del lago, visitando algunas colonias alemanas, asentadas en la zona desde mitad del siglo XIX. Al día siguiente, empaqueto todo en mis 6 bolsitas e intento marchar pero... algún avispado había atado su bici a la mía, pero quién? El dueño del Hostal va llamando a medio pueblo pues no es de ningún cliente, la bici no es de nadie, uno va a buscar una cizaña y a lo Jolivú cuando el metal roza el candado aparece un tipo corriendo con una llavecita y suelta la bici.
Es momento de cargar todo y partir. 50 m. de pedaleo y empieza el diluvio universal. No pasa nada, adelante. Metido como está el pueblo en la orilla del lago no queda otra que subir para salir. 2 km y medio de dura subida bajo la lluvia, la primera sudada... Vuelve el sol y con él mi sonrisa, atravieso Puerto Montt y me dirijo a Calbuco, atravieso un montón de puertos y puertecitos, fábricas pesqueras...el olor a mar y a conchas lo impregna todo de forma mucho más agradable de lo que uno pudiera imaginar. Un trocito más adelante se acaba el asfalto y tomo contacto con las auténticas carreteras de ripio ( piedra en chileno) que habré de seguir durante los próximos mil y pico kilómetros. Paciencia, mucha paciencia, baches, agujeros, camiones, lluvias intermitentes y...el primer pinchazo! Contrariado empiezo a desmontar las bolsas para acceder a la rueda, se presenta un tipo con su hijo a conversar con el guiri, cada vez que levanto la cabeza de mis tareas mecánicas veo a alguien más. A medida que van llegando el primero les va susurrando el estado de las cosas: es español, pinchó la rueda, va hacia la carretera austral, viene de Puerto Varas... En total tengo 8 espectadores y la verdad es que es un poquito sonrojante, mis ya de por si poco habilidosas manos no trabajan bien con la presión; aún así en 15 minutos está la rueda lista y me despide la comitiva.
Después de 80 kilómetros y más de 5 horas y pedaleo llego a Calbuco, en la costa. Mañana me tocará igual una enorme subida namás empezar y por ello me doy el lujazo de ir al mejor hotel de la ciudad, todo maderita, una cama enorme, cena a base de salmón e internet ilimitado...Por el módico precio de 30 euros.
Próximo destino Isla de Chiloé, pero de eso ya os explicaré...