Mostrando entradas con la etiqueta glaciares. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta glaciares. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de diciembre de 2007

Ausangate




Así de majestuoso es el Ausangate


La soberbia o, quizás mejor, la "pardillez", me habían llevado a pensar, en algún momento, en que conocía bien los entresijos de la cordillera de los Andes. No en vano he contemplado a la misma morir, o emerger, en el canal Beagle dónde dicen que acaba el mundo, dónde se besan las aguas del atlántico y del Pacífico, dónde las últimas estribaciones de la cordillera dejan deslizar sus hielos por las lenguas glaciares. Me maravillé con las imponentes agujas graníticas de las Torres del Paine y del Fitz Roy, la masiva silueta del monte Fátima, recorrí innumerables rincones del altiplano descubriendo tesoros en forma de lagunas, santuarios de vida allá dónde toda lógica negaría la posibilidad de ella, vastas pampas a más de 4.500 metros de altura gobernadas por un ingobernable viento, llanuras de sal directamente sacadas de la ciencia ficción dónde la mente queda tan alterada por lo increíble del lugar como la vista por lo cegador de su blanco, caminé por encima de los 6.000 metros pisando nieves perpétuas, milenarias, escalé volcanes perfectos que deparan sorpresas en sus cráteres, ví el sol teñir de rosado estas moles de roca y hielo en inolvidables amaneceres y de naranja en los mágicos atardeceres, sufrí tanto ascendiendo sus laderas como me emocioné con las vistas y sensaciones que ofrecen sus cimas y aún más disfrute sus interminables y salvajes descensos.




¨Chupando¨ cámara a unos milímetros del glaciar, mágico...


Tantas cosas pasé en la espina dorsal de esta América que visito que creía, deseaba, conocer todos sus secretos, pero no, claro que no, siempre faltan cosas, un compendio, una guinda al pastel.





Una panorámica de la cara oeste del Ausangate y valles adyacentes (clickar para augmentar)


Y se trata de una sóla montaña, circumvalada por valles de lo más diverso, un lugar isolado, salvaje, dónde por cada alma humana existen mil animales, dónde uno puede deleitarse con las crestas nevadas flotando sobre las calientes aguas que nos regalan las entrañas de la Tierra. Ausangate, un lugar realmente especial en esta tan impresionante Cordillera de los Andes.



El azul del cielo, el verde del pasto, el blanco de las nieves y el colorao de la tierra combinan a la perfección...


En poco más de tres días vamos a dar la vuelta a la montaña, algo más de 80 km., voy acompañado de Grant ( ciclista Australiano), de Vanessa ( Quebecoise reencontrada en Cusco y ya de vuelta en Canadá) y Adeline ( antropóloga-?- francesa). Para la ocasión contratamos a un simpático arriero, Saturnino ( rápidamente apodado Jean Pierre) quien nos acompañará junto a su caballo Ronnie ¨el sherpa¨( portador de todos los bártulos). Hay que sobrepasar tres pasos a más de cinco mil metros y otro más a 4800.


Lagunas, glaciares, picos de roca... la diversidad y belleza del lugar impresionan de veras



Poco os contaré acerca de los paisajes pues qué mejor que algunas de las cientos de fotos que saqué para que os hagáis una idea de la magnitud de los glaciares, de lo próximos que están para el simple mortal que por ahí pasea ( el ir sin mochila permite salirse siempre del camino para ascender a las crestas), y de la belleza del entorno del pico Ausangate y sus más de 6300 metros de altura.


La historieta de cómo evolucionó la relación con el arriero Saturnino si es digna de ser leída, creo, porque el asunto acabó en unos de las noches más bizarras del viaje, sin duda. La cuestión es que teníamos un libro de trekking ( en francés) y cuando se nos presentó el tal Saturnino, pues que a mi me sonaba, y contratado quedó. Nos empezó a vainar cuando no nos dejó otra opción que comprarle a él un plástico ( a precio de ¨oro¨) para que las mochilas no se nos mojaran ante la inevitable lluvia que nunca llegó, siguió puándonos al avisar a un lugareño de que íbamos a las aguas termales, lugareño que hizo las veces de cobrador del frac, sin tiquet claro.




Contento en el atardecer sobre el cerro de los tres picos


Pero el momento ¨caliente¨ del viaje llegaba con el pueblito de Upis, famoso entre los mochileros por los robos que en él suelen acontecer, especialmente de botas y material de montaña. A pesar de estar a 8 horas y tres collados del mismo, Saturnino, o Jean Pierre, tenía una confianza ciega en que llegaríamos allá: ¨ya veremos¨ decimos nosotros, ¨caminaremos sin prisa, nomás¨. El hombre empieza a ponerse nervioso y se queja de que estamos caminando mal, usea, lento. Por primera vez en tres días no nos espera en absoluto y va tirando millas por unas horas. Después de comer nos plantea qué, o dormimos allá y llegamos a Upis al día siguiente o vamos hacia el pueblo del tirings. Avanzo un poco junto a él y le informo de que no queremos dormir en Upis, que buscaremos un campamento en la pista.





Campamento nocturno, el glaciar de fondo y el telón de estrellas son de ensueño


Tras un rato de nuevo malhumor ( le cambiamos los planes) vuelve a sonreír, conoce un ¨buen¨ lugar para dormir. En la cima del último collado del día lo vemos charlar con unos jinetes que aparecieron de una lejana estancia y cuando estos se van le decimos que ahora sí, que queremos dormir en el pueblo. Su actitud cambia de forma increíble, agarra un cabreo de mil demonios, le teníamos que haber avisado antes, el caballo está muy cansado... Tenemos ya serias sospechas de ¨que algo se cuece¨ entre Jean Pierre y los habitantes del lugar y cuando montamos campamento no se soluciona nada.




El menda y la montaña


El tipejo está muy nervioso, está dando vueltas, mirando a las carenas como buscando a alguien, pasa toda la cena sin decir palabra y cuando cae la noche, tachán, dice que va a buscar un lugar para que el caballo coma, pilla su mochila y desaparece entre las brumas andinas.





La alargada sombra de las alpacas nocturnas


Ahí sí que no tragamos, tras unos minutos de discusión entre nosotros, acordamos salir de ahí por patas: no conocemos el camino, no hay luna y estamos muy cerca de un río y de cientos de humedales. Tras los que nos parece un buen rato de pateo llegamos a una esplanada dónde nuestras linternas iluminan cientos de ojos de alpacas, los perros guardianes se desgañitan ladrándonos y parece no haber ser humano que controle esa jauría animal. Error, ahí aparece Crispín, el ¨Sheriff¨ de Upis, el único habitante de la zona que no anda con sandalias y jersey de alpca sino con botas Gore Tex y Polar de marca. Sí, claro, el capo de los ladrones. Aunque la situación parece tan evidente que no pasa nada, dormimos en su casa, una sola pieza donde los 4 miembros de la família comparten cama y nosotros 4 compartimos suelo.


Los caminantes con la família del Sheriff, que se multiplicó en la mañana cuando los ánimos estaban ya relajaditos


En la bolsa de dormir yacen mis pocos fondos monetarios y mi preciada cámara, y a pesar de la inquietud caemos todos en los brazos de morfeo. A las 5 y media aparece Jean Pierre en la casa, pregunta qué pasó y sin pelos en la lengua le decimos un ¨no nos fíamos de tí, listillo¨, ya pasó el temor a que aparecieran cinco jinetes en la noche con pretensiones sobre nuestras propiedades, así que seguimos con Jean Pierre hasta el punto final del recorrido. Fue uno de los días más largos del viaje, caminamos por más de 8 horas, las tres horas que pasamos en el campamento fueron muy tensas así cómo el trayecto nocturno y la primera hora en casa del Sheriff, pero ya pasó todo, una historia más a contar.





El chorrito de agua a 40º grados inviata a un baño a las 6 de la mañana, con vistas de postal



Ya en Cusco, tras las birras de rigor, sale a la palestra de nuevo el libro de trekking, sí el que estaba francés, y la partida de caja es generalizada. En él habla de Saturnino, nuestro Jean Pierre, y de él dice bien clarito ( aunque en francés) que mejor no fiarse, que abandona a los turistas en mitad de la ruta, que intenta cobrar al principio para desaparecer y de que es un auténtico pirata. Coño, claro que me sonaba, con ese currículum.... algo habré de hacer para mejorar mi francés.
Una semana después no queda más que reírse, incluso regocijarse de tener otra buena anécdota de viaje y lo único de serio que queda de todo esto es lo impresionante que resultó este maravilloso trek del Ausangate, el mejorcito hasta el momento y el inicio de mi despedida de los Andes. Ahora los conozco un poquito más...


Y aquí está el tipejo... Mr. Saturnino o Jean Pierre, "el ratero"

martes, 6 de noviembre de 2007

Cordillera Real y Valle del Zongo

Panorámica de la Cordillera Real desde el campamento base. A la dcha. la lata que hace de refugio

Y llegó el momento de partir, de volver a pedalear tras mucho tiempo de inactividad, de dejar atrás La Paz y afrontar nuevas rutas en esta segunda parte del viaje. Para empezar nada mejor que un poco de montaña, ya que estoy me pongo en serio y la cordillera Real es el escenario ideal. Con unos 200 km. de largo y cincuenta de ancho alberga algunos picos de más de 6000 metros ( como el Illimani, el Illampu o el Huayna Potosí), su cara sud se contempla desde el altiplano ( La Paz y el Lago Titicaca) a 3800 de altura y su cara norte desde los Yungas, a 1000, lo que convierte a las rutas Sud-Norte en los descensos más bestias del planeta, pero primero toca subir, claro!


El cementerio minero con el Huayna Potosí de guardián

Desde La Paz primero al Alto y en media hora uno está totalmente alejado de cualquier indicio de civilización, sólo roca y un paisaje montañoso cada vez más bello. Voy acercándome al Huayna Potosí, el 6000 más cercano a la ciudad, y su visión me va cautivando poco a poco... mi primera etapa concluye a sus pies, a 4.700 m., y no puedo dejar de informarme acerca de las condiciones para subir. Se necesita un guía y alquilar material de alta montaña y para una persona sola sale por un ojo de la cara. Así al día siguiente me conformo con subir al campo de altura ( 5.200) y admirar de más cerquita el pico y el circo glaciar. Por aquí se tendrían que acercar el amigo barbudo Don Mariano y su amiga Esperanzita y ver el espectacular regreso del glaciar, en 20 años perdió cerca del 25 % de su masa de hielo. Calentamiento global? cuentos xinos, si en Madrid sige haciendo frío!




Con la idea de la cumbre en la cabeza vuelvo para abajo, a la bici y al Valle del Zongo. Y eso que es? pues una de las bajadas a lo bestia que os decía, en hora y media bajé de los 4.800 a los 1800, aparte de la diversión que es avanzar sin esfuerzo es increíble ver como cambia la vegetación y la temperatura , de paisaje lunar rocoso a jungla, de un par de grados positivos a más de 20° con una humedad tremenda. En los primeros 4 km y medio más de 500 m. de desnivel, a saaaaco!

Y no bajé más porque se puso a llover, sino en media hora más me planto por debajo de los 1000. Increíble! no veas como duelen los dedos de frenar continuamente porque la pendiente es tan fuerte que uno corre el peligro de envalarse y, en alguna de las cientos de curvas de herradura, tomar un atajo demasiado rápido...


Vegetación selvática, cascadas...y yo aún con la chaqueta



Tras la anterior noche helada esta la paso calentito pero con la presencia demasiado cercana, para mi gusto, de cientos de insectos, entre ellos vi algún escorpión...




Para subir, no os engañaré, tomé una fragoneta, en la que nos acomodamos 20 tipos, todos de la zona y todos haciendome comentarios medio en castellano medio en Aymara, medio simpáticos medio sarcásticos, uno no sabe que pensar cuando le dicen: " te pareces al Che Guevara...por cierto, lo mataron acá en Bolivia!" y estallan las risas, y le siguen otros comentarios en la lengua milenaria, vete a saber...



Vuelvo a bajar en el campo base y voilá! hay una francesa-española, un alemán y una suiza que en un par de horas suben con un guía hacia el Huayna. Negocio un buen precio ( mucho menos de la mitad de lo que se suele pagar) y me uno a la expedición. Así, sin comerlo ni beberlo, me veo subiendo por el mismo sendero que ayer, ahora cargado con piolet, crampones, botas plásticas, arnés y cuerda, no sé muy bien dónde me estoy metiendo, mi experiencia en alta montaña con nieve se limita a las invernales en Amitges con Uri, Iván y Javi y por aquellos entonces el contenido de mi mochila era muy distinto...


El camino hacia el campo de altura es espectacular



Resumiendo, tras llegar al campo de altura nos instalamos, cenamos algo ( a las 6 de la tarde) y el guía me hace "5 céntims" de lo que me espera. Seran entre 5 y 6 horas de subida, esta se hace de noche (salimos a la una de la madrugada) porque sino la reverberación solar es demasiado fuerte, todo lo que queda es sobre nieve y hielo y aparte de caminar hay un par de palas a escalar. Que como se hace eso? No te preocupes español, me dice, mañana a las cuatro de la madrugada te lo explico...Tras una de las mejores puestas de sol del viaje, al sobre a dormitar un poco ( a esa altura cuesta) y enseguida suena el despertador, son las doce. Es sábado y pienso que si estubiera en casa sería la hora de la primera birra post-cena pero ahora toca desayunar y vestirse: dos pares de calcetines, pantalón térmico, pantalón de Sky, camiseta, dos jerseys y chaqueta. De complementos dobles guantes, gorro y las botas de nieve, pero sino me puedo ni mover!


Encordado, piolet en mano y la cumbre a la vista



Andando como el muñeco de Michelín, salimos fuera y la noche es magnífica, las estrellas lucen imponentes y parece que la Pachamama aprueba nuestro intento de conquistar su montaña. Puestos los crampones empezamos a pisar nieve y a ganar altura. Las primeras dos horas son tranquilas hasta que llegamos a la primera pala. Español, hay que clavar piolet y punta con los crampones. Ok, clavar el piolet y propulsarse hacia arriba es ( relativamente ) sencillo, pero para desclavarlo del hielo uno se deja el alma...
Cada vez más cansado ( es sólo mi tercer día de "acción" tras tres meses de vacaciones) se acerca la cumbre y el guía, un machista empedernido, no para de meternos miedo para intentar que Isabel ( la chica francesa-española) se baje. No lo consigue y afrontamos, ya con los primeros rayos solares, el último tramo, qué con la emoción de la meta ya cercana, se hace más liviana. Tras cinco horas y media pisamos cumbre, 6.088 metros!


A 6.088 metros, cumbre del Huayna Potosí. Nanu, te la dedico, t´hagués encantat!



Los primeros minutos restamos en silencio, a todos se nos caen las lagrimillas de emoción, y la contemplación del paisaje deja sin habla: toda la Cordillera, el Lago Titicaca, la ciudad de La Paz y el Alto, el volcán Sajama al fondo y el valle del Zongo cubierto de espesas nubes, y nosotros por encima de todo ello. Impresionante! Abrazos, felicitaciones y andando que es gerundio ( y que a pesar del sol, hace fresquito).La bajada la hacemos rápido, el calor aprieta muy fuerte y si la nieve se ablanda el avance se hará penoso, por eso hay prisa y no puedo sacar muchas fotos. Una lástima porque ahora puedo ver por donde subimos hace sólo unas horas, entre grietas de hielo azul y pasos realmente empinados.
En tres horas y media estamos a bajo del todo, comida y despedida con Ralf, Isabel e Isabela, últimas anécdotas de la escalada y cada uno para su lado.
Yo no quiero quedar ahí otra noche y aunque estoy cansado agarro de nuevo la bici y la cabra pal monte! Un puerto de más de 10 km por encima de los 5000 puede conmigo y a un kilómetro de la cumbre, rebentao tras 9 horas de pateo y dos de bici, veo un llanito que va fetén para plantar la tienda, jalo algo y bona nit 15 hores!




"Huyendo" de la Cordillera Real


A la mañanita siguiente temprano, trastos a la burra y en marcha, transito por unos valles espectaculares y totalmente salvajes, en las dos horas de ayer y las primeras 4 de hoy no veo un alma humana porque llamas haylas por doquier. Por fin llega la bajada, un pueblo, la carretera y vía libre hacia el Titicaca.Circulando por la parte de atrás del HuaynaLas llamas me acompañaron en la trans-cordillera

viernes, 23 de marzo de 2007

Fin de la Patagonia

Ushuaia ha echo un esfuerzo de marketing increíble para ser mundialmente reconocida como la ciudad "del fin del mundo", gracias a su asentamiento al Sur de la Tierra del Fuego lo que la sitúa en el extremo más austral accesible por carretera en todo el mundo. Sus 70.000 habitantes y miles de turistas borran desde el principio cualquier ilusión de sentirse en el fin del mundo y sólo los que pagan los carísimos cruceros a la antártica que parten desde el puerto disfrutan de ese privilegio.
Aún así su pletórica ubicación ante el canal Beagle y rodeado de montañas nevadas y algún glaciar colgante, hace que el viaje valga bien la pena.
Al ser el fin de la carretera sólo quedan dos alternativas al ciclista: o te vuelves por donde viniste o coges un transporte alternativo ( aunque también hay muchos, ciclistas y no ciclistas, que se quedan por un buen tiempo). Estaba yo colgado en el Cerro Guanaco, el que ofrece mejores vistas sobre el canal Beagle pensando en la posibilidad más adecuada para ir hacia el norte, llego a la ciudad y por curiosidad entro en una agencia de viajes a ver cuánto cuesta un avión a Buenos Aires. Son las 2 de la tarde. Empaqueto bici y equipaje y a las tres de la madrugada aterrizo en Buenos Aires, me roban la cartera, la recupero en 20 minutos ( se llevaron 20 pesos, unos 3 euros...miserables!), salgo a pedalear ante un amanecer apoteósico sobre el mar de plata, un ratito de barco y llego a Colonia del Sacramento, Uruguay. En menos de 24h he pasado de estar a mil metros, con nieve y un grado bajo zero en el último rincón de la Patagonia a pasear bajo sol de justicia por la maravillosa ciudadela de Colonia ( patrimonio de la UNESCO), y eso pasando por una de las mayores capitales del planeta y sin plan anterior. Bien.
Así acabó la primera etapa de mi excursión, adiós a la Patagonia que recorrí durante 14 semanas, adiós al frío, al viento, al rumbo Sud, a los glaciares, a la particular idiosincrasia del patagón. Fueron casi 4.000 km pedaleados, algunos cientos en bus y algunas millas marinas en barco, conocí y me gustó, mucho, esa tierra.
Como buen previsor dejé cosas por ver; qué mejor excusa para volver algún día.
Ahora toca conocer Uruguay, país poco visitado, de él dicen que no tiene nada extraordinario. Precisamente para desmentir el tópico recorreré su costa de este a oeste ( para eso y para ir a la playa, claro!)

miércoles, 21 de febrero de 2007

Torres del Paine

Es el parque natural que recibe más visitantes de Sudamérica y, dicen, es el más bello de todos. La verdad es que combina magistralmente agua ( en todas sus formas: ríos, lagos, casacadas, glaciares, nieve), bosques y montañas muy diversas entre sí. Se dice que combina los lagos finlandeses, los glaciares antárticos y las montañas tibetanas en un espacio echo a medida del ser humano.







Existen varios recorridos a realizar y, ya que estamos, decido dar toda la vuelta al macizo, con incursiones a los valles; 125 km. Como yo no entro por el mismo sitio que los demás, he de realizar una "etapa-enganche" de 18 km tanto al inicio como al fin. Uséase unos 161 km. del pateo que termino, bastante dignamente, en 8 días.



Los icebergs en el Lago Grey son la crema

Es divertido comprobar las diferentes reacciones de las diferentes partes de uno mismo. Por ejemplo podéis imaginar el mareo que se agarraron los pies sólo conocer el recorrido a realizar y es que ya preveían ( y con razón) que les esperaba una buena paliza. Algo mejor responden las piernas aunque cambiaron su habitual color tostadito y su aspecto tonificado de "buen ciclista" ( modestia aparte) por un rojo irritación y aspecto rollizo gracias a mis queridísimos mosquitos.




El imponente macizo del Paine


La que llevó peor el paseo fue la espalda; el cabreo que agarró cuando vió el tamaño de la mochila sólo es comparable al que pilló después cuando comprobó que había dejado la colchoneta que va bajo el saco y que tocaba dormir sobre el suelo más de una semana. Y es que la verdad tengo especial aprecio a mi estómago, y para que este disfrutara de copiosas comidas y ricos aperitivos a toda hora necesitaba el espacio; uno siempre tiene sus favoritos, no?


La vista por supuesto está encantada, se deleitó de inmejorables paisajes aunque le extraña que esté sacando fotos todo el día, no entiende el porqué; yo sé que a mi memoria le vendrán muy bien cuando toque explicaros con más detalles la excursioncita.



El desgarro del glaciar Grey es un espectáculo sonoro y visual


Donde sí hubo enfado generalizado fue cuando el despertador sonó un día a las cinco y media de la madrugada; medio sonámbulo subí por espacio de una hora un empinadísimo pedregal (que había escalado y descendido sólo 8 horas antes) la verdad es que ni mi alma sabía bien que pasaba. Una vez arriba del mirador de las Torres del Paine, la salida del sol tiñendo el granito es una respuesta más que contundente para cada una de mis partes.

martes, 6 de febrero de 2007

Perito Moreno


El objetivo era pasar la noche de luna llena sobre el glaciar Perito Moreno. La estrategia para lograrlo consistía en ingresar tarde al parque, esperando que los guardas se hubieran retirado; la hora oficial de cierre son las 20h. aunque me habían "chivado" que el chico de la taquilla suele escaquearse al menos una hora. Lo que no contemplaban mis cálculos era el fortísimo viento en contra que sopló esa tarde-noche. La ecuación empezar tarde, 30 km., fuertes vientos y subidas a dolor dá como resultado una no muy cómoda bicicletada nocturna por carretra boscosa, con los árboles empeñados en converitr en meras sombras los últimos rayos solares.
Paso sigiloso ante la taquilla: nadie por aquí, nadie por allá y para adelante, contento por la hazaña de entrar del gratelo ( aunque el ahorro es inferior a 10 €...), sigo el pedaleo hasta una segunda satisfacción en forma de bonita puesta de sol, con el glaciar y sus picos circumdantes teñidos de naranja y rosa ( uh! qué monada!).
Me ahorraré el relato de los últimos 10 km., totalmente de noche, cenando baches y hoyos y preguntando a noséquién qué coño hace un tipo como yo en un sitio y una noche como esa.
Sobre las 23h, un estruendo parecido a un trueno me da la respuesta. No es el glaciar más grande del mundo y quizás no es el más bonito pero es de los pocos que sigue en avanze lo que conlleva que de sus paredes se desprendan constantemente gigantes bloques de hielo convertidos, al tocar el lago Argentino, en errantes icebergs. El rugido de los desprendimentos es un espectáculo sonoro de primera y el mejor acompañamiento posible para visualizar los 4 km. de frente de 60 m. de altura del Perito, acojonante.
Aunque el hambre reclama a grito pelado desde mi estómago unos espaguettis, tardaré unas 3 horas en satisfacerlo, tiempo necesario para hacerse una idea de lo grande y bonito que es el lugar. Además la fortuna me acompaña y tras dos noches lluviosas las nubes se retiraron y ahora permiten que la luz lunar dé un color único al hielo. No seré tan necio de intentar garabatear una descripción de tamaña postal.
Preparamos y devoramos la cena aunque interrumpimos ambas maniobras una decena de veces para observar los desprendimentos. Los sacos colocados frente al Perito, probastéis alguna vez de dormir frente al congelador abierto? Más de 300 km cuadrados de hielo ayudan a tener esa impresión; la noche es mágica, el glaciar, la luna, la soledad compartida... en teoría sobre las 4 de la madrugada la luna estará justo sobre el glaciar pero por desgracia en ese momento está todo cubierto de nubes.
No importa, en dos horas más un nuevo fenómeno que contemplar: sale el sol y al igual que en su despedida tiñe el panorama con su infinita paleta. Hora de desayunar, en unos momentos se producirá el cambio de temperatura más brusco del día y los derrumbamientos se multiplicarán. Más tarde otro fenómeno, el de los turistas. Unas vistas y pasarelas que han disfrutado sólo 4 ojos durante el plenilunio son invadidas por miles de cámaras, autobuses, gentío. Los contrastes son buenos sólo a veces y llega la hora de partir.
De nuevo se demostró que no hay nada imposible, incluso que las cosas más difíciles a priori son 100% factibles. Ni hizo falta pagar entrada ni ningún guarda vino a decirnos nada; claro que no había sitio para montar la tienda pero quién quiere encerrarse entre plásticos cuando el espectáculo está fuera; hacía frío sí, pero qué se puede esperar estando frente un glaciar; se anunciaban nubes y algunas hubo pero qué importa eso cuando un sólo minuto de claridad hubiera sido suficiente. En fin valió la pena, valió mucho la pena.

miércoles, 31 de enero de 2007

Cruce Villa O´Higgins - El Chaltén

Cosas, muchas cosas... cambio de país y casi de medio de locomoción: en 20 días poca bici, menos de 300 km. y mucho caminar con casi 200 km. entre montañas, valles, lagos, glaciares... Desde Candelario Mancilla empecé una caminata de 5 días y 100 km., difícil de explicar: sólo 2 pobladores habitan estos valles, hombres curtidos en la soledad salvaje, cazadores de pumas, carneadores de cualquier animal que se les cruce en el camino, incluso uno asegura que sacrifica y come su propio caballo de montar cuando este pierde velocidad y firmeza en el paso, algo ináudito en un gaucho. La rudeza de estos hombres multiplica exponencialmente el sentimiento de aislamiento y en estas circunstancias tener cara a cara una masa de 13.500 km cuadrados para mi solito de hielo inmaculadamente blanco en su fondo y de un azul celeste inaudito para mis córneas en su frente es algo de lo que no puedo más que congratularme de haber disfrutado. Imponentes hasta cortar la respiración los glaciares GAEA y O´Higgins, algo menos el glaciar Chico pero al ser el primero de la travesía uno también le coge "cariño", jeje.

La espectacularidad del campo de hielo de sur se ve magnificada por la soledad del lugar. El frente del glaciar O Higgins hace unos 4 km. de largo...

En mi perenne voluntad de no retornar por el camino que me llevó sigo los consejos del poblador y agarro una huella por la orilla del lago. Las 8h. que me pronostican de caminata se convierten en una peregrinación de más de 13h. subiendo y bajando valles con sus correspondientes cruces fluviales ( y la mojadura podal que ello comporta). El regreso a Candelario Mancilla se hace épico, caminando desde las 6h de la madrugada llego sobre les 12 del mediodía para recoger bici y bártulos y afrontar los 20km de cruce de frontera contra reloj. Viento ultra violento, caminos pésimos plagados de árboles caídos ( con el consecuente levantamiento de bici + equipajes cada 50m.), averías propias y ajenas y el cumplimento de una antigua profecía materna " un dia perdràs el cap" materializada en el olvido del casco en un bosquecillo ( y sus 6 km. ida + 6 vuelta para recuperarlo). Para acabar el día, con el mismo ya acabado, los frenos dejan de funcionar y una empinadísima bajada final se empeña en que bese el suelo a cada curva. Si el llorar fuera gratuito a nivel energético hubiera desbordado la Laguna del Desierto, en su lugar una ínfima sonrisa de satisfacción sirve de broche al día y sustituye a la que hubiera sido una merecidísima cena, después de más de 17h. de esfuerzo apetece más meterse en el sobre que ponerse a cocinar.


Con todo ya llegué a Argentina.

viernes, 12 de enero de 2007

Villa O´Higgins, fin de la Carretera Austral

Ya estoy en Villa O´Higgins, fin de la carretera austral, fin de la primera etapa patagónica del viaje. Casi un mes me tomó recorrer los mil doscientos y pocos quilómetros , tuve mis primeras incidencias mecánicas ( un par de pinchazos, radios rotos, cadena oxidada por la lluvia...), un par de caídas sin secuelas...
Tres semanas de lluvia y diez días más o menos soleados, suficiente para empezar a acampar casi a diario, a coger el verdadero ritmo del viaje que incluye entre 5 y 7 horas de bici, 5 comidas ( desayuno, desayuno 2, comida, merienda y cena), búsqueda del lugar para acampar, montar campamento, cocinar... No todo es soledad, andan muchos ciclistas y en los pueblos siempre se encuentran viajeros y lugareños con quien conversar.
Una vez conocida la famosa Carretera, uno no le daría el título de camino vecinal, no es que haya baches es que toda ella es un hueco, es imposible encontrar tres quilómetros planos consecutivos en todo el recorrido y sus poco más de 100 km. de asfalto son sólo una anécdota ante las toneladas de tierra, barro, arena y piedras. Es complicada pero los apabullantes paisajes que enmarcan cada recta son fabulosos y seguro superados por los que aguardan tras la siguiente curva, uno con el tiempo es capaz de pasar ante una cascada de 100m. de caída y arquear un poco la ceja nada más, acostumbrado a ver estos espectáculos acuáticos.
Un buen final siempre tiene relación con su principio y tras casi 700km. alejado del mar ( aunque las dimensiones del lago Gral. Carrera no dejen sitio a la nostalgia marina) los últimos 100 corren cerca de los fiordos, uno reencuentra los bosques húmedos, los picos nevados a orillas del océano y, si no fuera por el curtimiento que uno ya nota en las piernas, podría pensar que todavía estoy ( o que vuelvo a estar) en el Chaitén.
Tendría muchas cosas que explicaros ( relaciones Chile-otros países sudamericanos - daría para unas cuantas entradas, mis relaciones con los insectos patagones y en especial con los tábanos, noches de fin de año en un agujero temporal, monte su propio negocio en la Patagonia sin ni un duro etc, etc, etc) pero por desgracia o por suerte en estos últimos pueblos no había más acceso a Internet que la media hora gratuita que ofrece la biblioteca.
Ahora me espera un divertido cruce de frontera hacia Argentina ( barco, sendero no apto para bici con visita al glaciar O´Higgins, camino con bici, camino sin bici de nuevo, barco y llegada al Chaltén), las desafiantes cumbres del macizo Fitz Roy y los más desafiantes todavía vientos de la estepa patagónica.